martes, 4 de enero de 2011

DICCIONARIO


Una de las cosas que más le gustaba a Amalia era pasearse por el barrio antiguo de su ciudad y entrar en cada una de las librerías que encontraba. Podía pasarse horas enteras ojeando libros, leyendo sus contraportadas, las dedicatorias, algunas de sus páginas y convirtiéndose, por unos instantes, en la protagonista de aquellas historias.

Aquella mañana entró en una librería donde vendían libros de segunda mano. Ya sólo el local en sí era especial, más que una librería parecía una biblioteca. Estaba distribuido en pequeños habitáculos cuyas paredes forradas de estanterías repletas de libros apenas dejaban ver un hueco desde el suelo hasta el techo. En el centro de cada una de las habitaciones había uno de esos pequeños sofás de estilo clásico y de forma redondeada, tapizado en terciopelo de diferentes colores lisos donde los clientes podían sentarse para deleitarse un rato con el libro de su elección.

Amalia iba mirando las estanterías con su cabeza inclinada hacia el lado izquierdo en un intento de leer el título de cada uno de los ejemplares. Había libros de todos los colores y tamaños, pero de repente su vista se fijó en uno en concreto. No era demasiado grande pero sí bastante gordo y con las tapas duras forradas de cuero rojo envejecido con las letras grabadas en negro. Lo cogió entre sus manos y se sorprendió al ver que era un diccionario tal y como indicaba en la portada. Además una fecha, “Edición 1942” y en la contraportada su precio “25 pesetas”. Sus finísimas hojas casi inseparables formaban un lomo de color rojo algo descolorido. Mientras trataba de separarlas Amalia intentaba imaginar cómo ese diccionario habría llegado hasta allí, a quién habría pertenecido, su historia… e inmediatamente se sorprendió al darse cuenta de que algunas palabras estaban intencionadamente señaladas con un fino trazo de lapicero que las rodeaba. Se sentó en el redondo sillón del habitáculo y ordenadamente, desde la A, comenzó a leer con curiosidad cada palabra que encontraba marcada y su definición:

Admirar: Ver, contemplar o considerar con estima o agrado especiales a alguien o algo que llaman la atención por cualidades juzgadas como extraordinarias.

Alegría: Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores.

Amistad: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.

Amor: Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

Confianza: Esperanza firme que se tiene de alguien o algo.

Decepción: Pesar causado por un desengaño.

Desengaño: Conocimiento de la verdad, con que se sale del engaño o error en que se estaba. Efecto de ese conocimiento en el ánimo.

Dolor: Sentimiento de pena y congoja.

Enamorado: Estar prendado de amor de alguien.

Engañar: Dar a la mentira apariencia de verdad. Inducir a alguien a tener por cierto lo que no es, valiéndose de palabras o de obras aparentes y fingidas. Incurrir en infidelidad conyugal.

Esperanza: Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.

Fe: Confianza, buen concepto que se tiene de alguien o de algo.

Felicidad: Estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada y buena. Condición interna de satisfacción y alegría.

Fidelidad: Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona.

Fiel: Que guarda fe, o es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él.

Fraude: Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete.

Gratitud: Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera.

Honesto: Razonable, justo. Probo, recto, honrado.

Humillación: Acto por medio del cual una persona es avergonzada o denigrada generalmente en público por sus actos, cultura, forma de pensar, etc.

Ilusión: Esperanza o anhelo por algo en concreto.

Leal: Que guarda a alguien o algo la debida fidelidad.

Melancolía: Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.

Mentir: Decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa. Inducir a error. Fingir, aparentar. Faltar a lo prometido, quebrantar un pacto.

Miedo: Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

Nostalgia: Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

Ocultar: Callar advertidamente lo que se pudiera o debiera decir, o disfrazar la verdad.

Orgullo: Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas.

Paz Interior: Virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones.

Pena: Cuidado, aflicción o sentimiento interior grande.

Piedad: Inclinación afectiva, con pena o sentimiento, hacia una persona desgraciada o que padece.

Rabia: Ira, enojo, enfado grande.

Resignación: Conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades.

Soledad: Carencia voluntaria o involuntaria de compañía. Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.

Sorpresa: Resultado de descubrir lo que alguien ocultaba o disimulaba.

Traición: Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.

Tristeza: Estado afectivo provocado por un decaimiento de la moral. Es la expresión del dolor afectivo mediante el llanto, el rostro abatido, la falta de apetito, etc.

Vergüenza: Turbación del ánimo ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.

Cuando terminó de leer las palabras señaladas Amalia tuvo la sensación de conocer mucho mejor al propietario original de aquel ejemplar, probablemente la misma persona que las había señalado una a una y que intencionadamente o no se había desprendido de él para que llegara a otros.

Al llegar a casa, Amalia envolvió cuidadosamente el diccionario en un papel azul brillante, su preferido, y le puso un gran lazo plateado. Después lo metió en una caja y lo llevó a la oficina de correos más cercana asegurándose que la dirección del destinatario estaba correctamente indicada. Pidió un envío urgente, no quería que llegara tarde. Al día siguiente era Noche de Reyes.

domingo, 19 de diciembre de 2010

UNA BOLA AZUL

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En aquellos días la casa de Amalia era un auténtico caos, era el punto de reunión de toda la familia. Todo el mundo tenía algo que hacer, las niñas estaban de vacaciones y mientras las mayores ayudaban a su madre y tías con los preparativos de la cena, las pequeñas, Amalia y su adorada prima preparaban su tradicional coreografía para amenizar la velada que como siempre se aventuraba larga.
Mientras, la matriarca de la familia, viuda desde hacía años, se movía nerviosa entre la cocina donde se prepara la cena y el salón donde los hombres de la casa jugaban la partida. Ella de pié, detrás de ellos, miraba fijamente las cartas y se mordía los labios mientras en su interior formulaba insistentemente el deseo de que alguno se diera cuenta de su presencia y la invitara a jugar. Finalmente, siempre se oía la misma voz: “Madre, ¿quiere jugar?”. Ella ni respondía, acercaba una silla y su diminuta figura algo encorvada quedaba inmersa en el corro, “como uno más”.
Con la cena ya lista llegaban los preparativos, colocar las mesas una detrás de otra, pasar sillas de las otras casas (por suerte todos vivían en la misma manzana), poner los manteles, cubiertos, cortar los turrones y disponerlos ordenadamente en la bandeja,… el ambiente cargado por el humo de los cigarrillos, el olor de la cena recién preparada y los cristales de toda la casa ya empañados por el calor en contraste con la fría noche.
Aquello era un trasiego de gente yendo y viniendo para colocar cada cosa en su sitio. Y en el fondo del salón, el árbol de Navidad lleno de bolas de cristal y espumillones de mil colores presidiéndolo todo. Cada año el árbol se poblaba con una bola menos. Se había convertido en una tradición que la pequeña de la casa en su alborote infantil y deslumbrada quizá por el brillo de ese árbol gigantesco para ella rompiera una bola cada año. Una manera como otra cualquiera de inaugurar la navidad.
Las niñas fueron creciendo y se agregaron a las celebraciones sus parejas y después sus criaturas. La casa se iba llenando de niños de todas las edades al tiempo que, poco a poco, como un goteo, iban desapareciendo de la escena navideña otros, también de todas las edades. Las Navidades ya nunca fueron las mismas desde que el primero en partir lo hiciera precisamente al finalizar una Navidad y recién estrenado un año nuevo.
Después las criaturas de las niñas también crecieron y por una cosa o por otra cada año resultaba más difícil reunirse en Nochebuena.
Amalia salió de su ensimismamiento y se descubrió sonriendo al tiempo que una lágrima resbalaba por sus mejillas al recordar las escenas navideñas. Creyó ver cómo un corro de ángeles y una diminuta figura la miraban sonriendo mientras jugaban su particular partida una Nochebuena más.
- o – o – o – O – o – o – o -

Cuando Amalia abrió la puerta la espigada figura de una mujer sonriente entró por la puerta seguida de su marido y de su hijo. Se abrazaron y mientras Amalia la seguía con la mirada, se dirigió al árbol navideño que hermoso y luminoso, pero ya no tan gigantesco para ella, se erguía en el salón, plagado de cintas plateadas y adornos navideños en tonos azulados y blancos. Sin pensarlo dos veces cogió una bola azul del árbol, de esas de espejo en las que se refleja tu rostro distorsionado, la sujetó entre sus manos y la acarició como si se tratara de un preciado tesoro, respiró profundo y sonriendo miró a su prima mientras alzaba su brazo derecho sujetando la bola con dos dedos. Cerró los ojos, abrió los dedos y la dejó caer. La bola chocó contra el suelo haciéndose añicos. Ambas soltaron una carcajada y se abrazaron efusivamente observadas atentamente por toda su familia. ¡Ya era Navidad!.


¡FELIZ NAVIDAD Y PARA EL PRÓXIMO AÑO…
un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar, algo que aprender, un lugar a donde ir y alguien a quien amar!






sábado, 27 de noviembre de 2010

10 Lustros


Amalia se preparaba aquella mañana emocionada y nerviosa para asistir a su primera entrevista en un programa de televisión.

“10 lustros” era un programa dedicado a personas que hubieran destacado en alguna faceta literaria o artística en el año de su 50 cumpleaños. Amalia cumplía todos los requisitos, la publicación de sus relatos había tenido un éxito más que aceptable no sólo entre sus amigos y conocidos sino también entre los que no lo eran. Además la proximidad de su 50 cumpleaños completaba el binomio necesario para asistir al programa.

Cuando la llamaron Amalia se sintió halagada al tiempo que sorprendida porque en nada se consideraba al nivel de los famosos coetáneos que habían asistido al programa en ediciones anteriores. Por otra parte le inquietaba la idea de que a través de las 50 preguntas su intimidad quedara demasiado al descubierto. Ella sólo pretendía al escribir sus relatos plasmar los sentimientos y emociones que habían ido evolucionando al mismo tiempo que ella y que cualquier persona al leerlos pudiera sentirse identificada. No pretendía ser reconocida por el gran público como una gran escritora sino como una mujer a la que la vida le había dado un gran golpe sentimental y no encontró otra manera de dar salida a su dolor que escribiendo aquellos relatos.

10L: Buenos días Amalia, un placer tenerte en nuestro programa.

A: Buenos días y muchas gracias por vuestra invitación.

10L: Ya conoces nuestro programa. Nos gustaría conocerte un poco mejor, a través de las 50 preguntas de esta entrevista. ¿Estás dispuesta?

A: Por supuesto, adelante.

10L: Bien, vamos con la primera ¿Quién es Amalia?

A: Amalia es una mujer reconciliada con la vida, con su propia vida.

10L: ¿Por qué Amalia?

A: Me hubiera gustado llamarme Amalia como la hermana de mi padre que murió apenas cumplidos los 16 años, cuando empezaba a descubrir la vida.

10L: ¿Cuándo descubrió a Amalia?

A: Amalia llevaba mucho tiempo luchando consigo misma por salir pero no podía. Estaba encerrada en una cárcel que ella misma había ido formando cargándose con demasiadas responsabilidades, pero llega un momento en que algo hace “clic” en tu interior y tu cuerpo pero sobre todo tu mente te pide un cambio. Es el momento de que lo mejor y lo peor de ti salgan a la luz y empieces a aceptarte a ti misma y a los demás, sin posturas forzadas, y empieces a sustituir el “tengo que”, por el “quiero que”. En mi caso ese “clic” fue el dolor.

10L: ¿El dolor? ¿A que tipo de dolor te refieres?

A: Al dolor emocional, al dolor de la pérdida, de cualquier pérdida. El dolor físico lo puedes combatir con cualquier analgésico. No hay analgésico alguno que mitigue el dolor del alma y hay que buscar otras formas de afrontarlo y eliminarlo.

10L: ¿Cómo afrontas las situaciones dolorosas?

A: Con mucha ayuda y mucha fe en que es algo pasajero y pasará. No hay que dejar que el dolor se instale en ti, hay que darle salida. Yo lo he hecho escribiendo estos relatos a través de los cuales también doy salida a mis deseos, esperanzas y sueños.

10L: Amalia parece siempre tranquila y relajada, ¿eres feliz?

A: Para mi la felicidad no es un estado es un proceso, un camino que nunca termina. Puedes tener momentos felices pero nunca consigues la felicidad plena. Pero sí he tenido y tengo momentos muy felices en mi vida.

10L: ¿Qué hace Amalia en su tiempo libre?

A: He aprendido que el tiempo libre no existe, puedes estar haciendo “nada” y también estás llenando tu tiempo.

10L: Si conocieras a través de Internet a alguien aparentemente interesante, ¿darías el paso de conocerle personalmente?

A: No confío en las redes sociales, me parecen peligrosas y me dan miedo, así que es complicado que conozca a alguien por Internet, prefiero el contacto cara a cara.

10L: ¿Crees que la amistad entre mujeres no es comparable a la que se pueda tener entre un hombre y una mujer?

A: Creo en la amistad verdadera. Tengo grandes amigas y grandes amigos y sé que los tendré siempre. Lo que me parece más difícil es mantener una relación de amistad con alguien con quien has tenido una relación sentimental pero tampoco es imposible dependiendo de cómo ésta haya acabado y de la capacidad de perdón de cada parte.

10L: ¿Has dejado de creer en tu príncipe azul?

A: Los príncipes azules tarde o temprano se convierten en sapos. Como dice una persona a la que quiero mucho, es mejor un plebeyo que produce menos expectativas pero también menos decepciones.

10L: ¿Crees que la muerte no es el final?

A: Creo que la muerte es el final de la vida, pero la vida es un aprendizaje. Soy creyente y el Dios de amor y bondad que yo conozco nos ama como un Padre, quiere para nosotros lo mejor y nos da la oportunidad en esta vida de conocer, lo bueno y lo malo, lo agradable y lo desagradable, lo triste y lo alegre. Sólo así podremos disfrutar de la vida plena. Podríamos decir algo así como que la vida es la carrera Universitaria y la muerte la graduación.

10L: ¿Crees en el AMOR para toda la vida?

A: El AMOR nunca muere. Pero para que sea para toda la vida debe ir aderezado de otros condimentos: la confianza, la honestidad, la lealtad, la comunicación, la fidelidad, la verdad…

10L: ¿Has aprendido a quererte más que a nadie?

A: Estoy en ello. No sé si más que a nadie, pero estoy aprendiendo a quererme y a aceptarme, a pensar en mi.

10L: Si pudieras elegir, ¿a qué o a quién dedicarías el resto de tu vida?

A: A quien se la dedico ya, a mí, a mis hijos, a mi familia y a mis amigos y a disfrutar con ellos todo lo que pueda.

10L: ¿Te has planteado elegir a alguien con quien compartir tu vida?

A: Si te refieres a una pareja, me da mucha pereza, he aprendido a disfrutar de mi vida tal y como está ahora y no echo de menos nada, pero nunca se sabe. Habría que ver si alguien esta dispuesto a elegirme a mi…., (risas).

10L: ¿Piensas que los demás saben lo que les quieres?

A: Creo que sí porque se lo demuestro siempre que puedo y son listísimos.

10L: ¿Esperas algo cuando das o das sin esperar nada a cambio?

A: No espero nada para mí. Espero aportar un poquito de felicidad, de bienestar, de optimismo, cosas positivas. Si lo consigo es mi mejor regalo, si no, sigo intentándolo.

10L: ¿Qué es lo que más detestas en una persona?

A: La cobardía y la mentira.

10L: ¿Qué es lo que más admiras en una persona?

A: La honestidad y la verdad, aunque duela.

10L: ¿El día más triste?

A: Algunos días de Abril.

10L: ¿Un buen recuerdo?

A: El día que nacieron mis hijos.

10L: ¿Tu mejor obra?

A: Mis hijos.

10L: ¿Qué te gustaría ser "de mayor"?

A: Psicóloga y creo que lo conseguiré porque acabo de empezar la carrera y al paso que voy… (Risas).

10L: ¿A dónde vuela tu imaginación?

A: A una playa tranquila y solitaria donde pueda mirar las puestas de sol desde mi ventana y mirando al mar.

10L: ¿Te gusta la Navidad?

A: Me gusta para celebrarla en familia. Inevitablemente las familias van cambiando, unos se incorporan, otros se van, pero creo que hay un vínculo común que no debe perderse nunca en una familia y mucho menos en Navidad.

10L: ¿Te da miedo algo?

A: La enfermedad.

10L: ¿Tu peor defecto?

A: Soy muy perfeccionista y muy exigente.

10L: ¿Tu mayor virtud?

A: Que me estoy rehabilitando de lo anterior.

10L: ¿Qué te hace llorar?

A: Soy muy llorona, lloro hasta con los anuncios.

10L: ¿Qué te hace reír?

A: Una tarde con mis amigas, aunque también lloramos y es una buena terapia.

10L: ¿Qué no perdonarías nunca?

A: Me cuesta mucho perdonar la traición.

10L: ¿La mejor palabra?

A: AMOR.

10L: ¿La peor palabra?

A: ADIOS.

10L: ¿La mejor frase?

A: No sé si es la mejor, pero es una frase que yo tengo muy presente: “Si lloras porque no ves el sol, las lágrimas no te dejaran ver las estrellas”.


10L: ¿La mayor desilusión?

A: Creer en alguien que no cree en ti.


10L: ¿Un sueño cumplido?

A: El primero fue ser tía, tengo 6 sobrinos y una sobrina-nieta y soy MUY tía. Ser madre fue la culminación de ese sueño elevado a la enésima potencia.

10L: ¿Una frustración?

A: La falta de explicaciones.

10L: ¿Alguien a quién le debes mucho?

A: A mis padres que me dieron la vida y a mis hermanas mayores de las que he aprendido cómo vivirla.


10L: ¿Los amigos son para siempre?

A: Los amigos si, los conocidos no.


10L: ¿Lo más bonito de la vida?

A: Vivirla.


10L: ¿Lo más valioso?

A: La salud


10L: ¿Amas a alguien?

A: Si te refieres a una pareja, he amado mucho, sin límites, porque el amor es así. Ahora soy más selectiva y más comedida.

10L: ¿Echas de menos a alguien?

A: Es imposible no echar de menos a los que estuvieron y no están.


10L: ¿Eres muy crítica?

A: Cada vez menos.


10L: ¿Eres romántica?

A: Muchísimo. Me encanta sentarme delante de la tele un sábado o un domingo por la tarde a ver películas románticas y hartarme de llorar. Es muy terapéutico.

10L: ¿Te arrepientes de algo?

A: De lo que no he hecho.


10L: ¿Tienes un secreto que no le has contado a nadie?

A: La verdad es que no tengo secretos para las personas que quiero. Los que me conocen de verdad saben lo peor y lo mejor de mí.


10L: ¿Quién te habría gustado ser?

A: Me gusta ser quien soy. No envidio nada ni a nadie. Todo el mundo tiene sus miserias, prefiero quedarme con las mías que ya sé cuales son.


10L: ¿Cómo te gustaría morir?

A: En paz.


10L: ¿Cuál es tu lema?

A: “Nunca te des por vencido”

La entrevista había sido rápida, unos 30 minutos apenas, pero Amalia salió de la cadena como si hubiera estado descargando camiones durante horas.

Ahora sentada frente al televisor miraba sus gestos, repasaba sus respuestas y pensaba cómo había llegado hasta allí.

Encontró la respuesta al coger su libro y abrirlo para leer la dedicatoria:

“Por vosotros…,

…los que me disteis la vida,

…los que me enseñasteis a vivirla,

…los que fuisteis el viento bajo mis alas,

…los que me enseñasteis lo que es el verdadero amor, ese que no muere nunca.

Porque os amo.”

Así era, había llegado allí por AMOR.



jueves, 14 de octubre de 2010

INTERNET



Como cada noche desde hacia cientos Amalia se sentó delante de su ordenador, dudando una vez más si encenderlo y adentrarse en aquel mundo que había descubierto casi a la fuerza o abandonarlo de una vez por todas. Tampoco aquella noche pudo evitarlo y mientras encendía el ordenador y se conectaba a la red, respiró profundo y pensó, como cada noche, que aquella sería la última vez.

Hacia meses que Amalia había decidido adentrarse furtivamente en los entresijos de la Red, y concretamente en aquella página de contactos que descubrió accidentalmente. Amalia buscaba respuestas. Las respuestas que su marido no había sido capaz de darle cuando de repente, un día, le comunicó su deseo de separarse de ella y de sus hijos y se fue de casa abandonando el proyecto en común que habían iniciado 20 años atrás. Un proyecto en el que ambos creyeron y quisieron construir juntos.

Buscó en aquellas conversaciones virtuales al hombre del que se habia enamorado.

Un hombre honesto, sincero, en el que había confiado, con quien se había sentido segura, querida y respetada. Un hombre amante de su familia que había disfrutado haciendo planes por y para ellos.

Un hombre sensibilizado con la injusticia y la traición, amante de la paz y la conciliación. Un hombre decidido, luchador.

Un hombre sensible y cariñoso que le había dicho una y mil veces cuanto la amaba…., que la había amado tanto.

Un hombre que le había prometido serle fiel en todas las circunstancias.

Amalia buscó a ese hombre..., pero no lo encontró.

Descubrió, por el contrario, lo fácil que es esconderse detrás de un personaje, inventar una vida, una personalidad con la que presentarse a ese mundo virtual. Lo fácil que es colarse en la vida de otras personas, en sus casas, en su intimidad y frivolizar con sus sentimientos. Descubrió un mundo, no siempre, pero a menudo lleno de mentiras, de engaños, de falsedades. Descubrió cómo detrás de una falsa identidad se esconden personas cobardes que no son capaces de afrontar la realidad de su vida y tienen que inventarse una para vivir una fantasía, una ilusión, probablemente efímera, que llega a confundirles y atormentarles hasta tal punto que, envueltos y atrapados por el embrujo de la Red, toman decisiones que cambian el rumbo de sus vidas y colateralmente el de las personas que tienen a su alrededor en la vida real, en la de verdad.

Descubrió la falta de honestidad, la deslealtad, la mentira. Descubrió la facilidad con la que algunas personas forjan amistades y relaciones… sinceras?, creyendo que serán “para toda la vida”.

Descubrió que el poder de la red es ilimitado y puede llegar a dañarte, si no eres capaz de frenarlo, de dosificarlo. Descubrió una ventana abierta al intrusismo, que puede controlarte, adueñarse de ti y convertirte en otra persona. Quizás fue eso lo que le paso a él.

Amalia conocía muy bien al que había sido su marido y sabía que se ilusionaba fácilmente e idealizaba a cualquier persona, cualquier situación. Podía llegar a obsesionarse tanto con algo o con alguien como para no ver, oír, escuchar, ni confiar en nadie más. Podía querer a una persona más que a nada en el mundo y llegar a aborrecerla por nada, simplemente por haberse cansado de ella... llegando a la decepción, al desencanto, el aburrimiento… siempre había sido así y Amalia sentía que también así había sucedido con ella, sin importar lo que les había unido y todo lo que habían vivido juntos ¿cómo no iba a pasar entonces con personas que apenas conocía y con las que tan sólo compartía algunas conversaciones virtuales, mensajes de teléfono y encuentros furtivos?

Amalia dudaba que él supiera a lo que se enfrentaba y todo lo que abandonaba al tomar esa decisión, pero no intentó retenerle. Él había decidido rendirse en lugar de luchar, abandonar antes que resolver, reprochar y no comprender, callar y no dialogar y aunque herida en su corazón, pero decidida a afrontar su destino con fuerza y valentía, como siempre lo había hecho, respetó su decisión y le dejó marchar.

Allí estaba,… estaban todos… como cada noche…

- Hola Buff!!

- Hola

- ….

- ….

Como una más, durante horas, aquella noche que quizás fuera la última, Amalia participó activamente en la conversación, obtuvo respuestas y él, sin saberlo, volvió a confiar en ella.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

ENCUENTROS




Amalia paseaba por el museo contemplando una y otra vez las obras de aquella artista.

Siempre que su querida y vieja amiga exponía en su ciudad aprovechaba la oportunidad de volver a verlas, porque sólo las sensaciones que experimentaba al hacerlo la trasladaban a aquella maravillosa época en la que se conocieron y compartieron juntas tantos momentos, algunos difíciles, pero también entrañables y felices.

Sabía de memoria los títulos de cada una de las obras y la experiencia y emociones que le habían llevado a crearlas, no en vano ella había sido testigo y protagonista de muchos de los momentos de inspiración. Al verlas, una tras otra, podía construir la vida de su amiga y la suya propia.

Todas eran especiales para ella, todas emanaban sentimiento, coraje, fuerza, emoción…, pero sólo al pararse delante de la que en ese momento tenía frente a sus ojos, un escalofrío recorría su cuerpo y le hacia estremecerse al recordar…., como siempre.

“Encuentros”, ese era el título de aquella obra, que era el reflejo del tiempo, muy intenso, que aquellas 5 amigas habían compartido.

Se conocieron prácticamente recién estrenado 2004. Ninguna se planteaba, en aquella relación, grandes metas fuera de lo estrictamente profesional, pero, sin pretenderlo, aquella mañana del mes de Febrero y las que vinieron después marcarían sus vidas para siempre.

Amalia llevaba poco tiempo en la ciudad y había enviado su currículo a muchas empresas, pero sólo aquella, providencialmente, la llamó y le ofreció un trabajo.

Ellas ya eran amigas hacía tiempo y Amalia apareció en sus vidas tímidamente. Desde el primer momento se dieron cuenta que era la pieza que faltaba en el puzzle, encajaba a la perfección, por eso, y porque era muy fácil quererla y sentirla cercana, la acogieron como una más para sorpresa de Amalia que, según decía, nunca había sido tan bien acogida en ningún trabajo.

El trabajo fue lo que las unió y juntas formaron el mejor equipo, en el más amplio sentido de la palabra. Cada una de ellas aportaba algo de sí para el resto, cada una con su propia esencia:

Una era pura histeria y alegría, imposible parar quieta. Cuando estabas a su lado te contagiaba su hiperactividad y sentías el mundo entero temblar bajo tus pies.

Otra era felicidad, naturalidad, diversión, sonrisa siempre dibujada. Pasase lo que pasase, en ella todo cobraba normalidad y era capaz de contarte cualquier drama con ese punto de humor que sólo ella sabía ponerle a las cosas sin que perdieran su verdadero sentido.

Glamour, elegancia, cariño, ternura, responsabilidad, y un poco de cabezonería…. eran las cosas que veías cuando te asomabas a aquellos inmensos y expresivos ojos que te miraban con dulzura desde el rostro de otra de las amigas.

Finalmente la mayor de todas ellas aportaba su fuerza, sensibilidad y experiencia, según decían sus amigas. Lo cierto es que ella sólo se sentía fuerte gracias a ellas.

Amalia, discreta y responsable, desprendía confianza, serenidad, sensatez…, ante cualquier situación complicada ella siempre decía “para y piensa”. Conseguía poner orden ante cualquier desastre.

Juntas formaban un escaparate de fragancias a elegir según el momento y la ocasión.

No había alegría que no se celebrara. No había preocupación que no se compartiera. No había tristeza que no se llorara…. Juntas, siempre juntas… A pesar de que la vida tímidamente las había unido, también, brutalmente, las había separado. No obstante, de una manera o de otra, estuvieran donde estuvieran, siempre encontraban el momento de volver a reunirse para dar aliento a la que lo necesitara o para celebrar, sin más, el estar encantadas de haberse conocido.

En aquellos años la vida había ido transcurriendo y cada una había sufrido cambios importantes en sus vidas: nuevos hijos, nuevas parejas, nuevos trabajos, nuevas vidas,…. Pero en cada encuentro, ellas se reunían y lo celebraban todo.

Amalia contemplaba aquel cuadro como si fuera la primera vez y sonreía al mirarlo, sin poder evitar que una lágrima rodara por su mejilla. En él 5 mujeres riendo estrepitosamente se abrazaban. Pero aquel cuadro tenía algo especial, cada vez que lo veía era diferente. En aquel lienzo, por encima de las cabezas de las 5 mujeres se podían leer fechas, las fechas en las que aquellas 5 mujeres se habían ido reuniendo a lo largo de los años. Habría que añadir una más…

Amalia oyó pasos, voces, risas, y al volverse vio a sus 4 amigas corriendo hacia ella para abrazarla…. Con su pelo negro ensortijado, sus inmensos ojos negros, y su expresiva cara reflejando la inmensa alegría de volver a encontrarlas, secó sus lágrimas, corrió hacia ellas y, una vez más, 5 mujeres se fundieron en un abrazo de amistad eterna.