lunes, 24 de junio de 2013

domingo, 28 de abril de 2013

SUCEDIO EN ABRIL...



En un gesto casi automático Amalia arrancó la hoja del calendario del mes de Abril. La hoja que separaba la oscuridad de la luz, las pérdidas de las ganancias, la muerte de la vida…  

El mes de Abril era para Amalia como una niebla espesa que la paralizaba, que no la dejaba avanzar, que la envolvía y lo volvía todo gris. Lo fácil, lo natural, lo cotidiano, dejaba de tener sentido. Durante el mes de Abril Amalia se diluía en la húmeda y densa maraña de la ceguera, de la soledad interior, del pánico y finalmente de la indiferencia. Evitaba pensar, evitaba recordar, evitaba mirarse las heridas ya cicatrizadas porque aunque ya no dolían, al rozarlas levemente con las yemas de sus dedos, un pequeño cosquilleo evocaba el dolor de otro tiempo.

A pesar de todo, desde hacia algunos años Amalia recibía cada Abril temerosa pero esperanzada con la incertidumbre del porvenir. Esperaba que, como la lluvia limpia los árboles y los campos dándoles un verdoso esplendor, como el viento arranca y arrastra las hojas secas y muertas y como el sol que abraza y da calor y energía a los nuevos brotes, ese Abril trajera a su vida, lluvia, viento y sol.

Cuando lo despedía, no podía sino respirar profundo, sonreír y decirse a si misma…. Ya pasó!!

martes, 27 de noviembre de 2012

HOY ES UNO DE ESOS DIAS...





Amalia despertó aquella mañana presintiendo lo que iba a suceder. Durante la noche los sueños se habían mezclado con las pesadillas y al despertar y encender el ordenador, encontró exactamente lo que esperaba…. Una vez más, como cada año, allí estaba. ¿Para qué? ¿Por qué?… Palabras vacías que para Amalia no significaban nada… Sin embargo también encontró otras muchas, sinceras y sentidas que habían llegado al mismo destino para endulzar su corazón y su alma. 

Se sentó en la cama y pensó que ese era uno de esos días, en los que se mezclan los sabores, el sabor agrio de la hipocresía acudía a su garganta provocando la misma sensación que una mala digestión. Sin embargo el amor, el cariño y la amistad sincera actuaban como un bálsamo sobre una herida que necesita cicatrizar.

Era uno de esos días en los que las lágrimas acuden impetuosas a tus ojos deseando salir. Unas para dejar inevitablemente su huella en el rostro y  un sabor salado en el paladar, otras para lavar y limpiar el alma produciendo el efecto de un baño tibio antes de acostarse.

En esta clase de días añoras a los ausentes. A algunos porque no tuvieron opción y se fueron demasiado pronto, otros porque pudiendo elegir, eligieron… Pero sientes el abrazo cálido de los que te rodean como un abrigo hecho a medida que cubre tu cuerpo casi desnudo en una noche de tormenta y ventisca que te hiela hasta los huesos.

Amalia había aprendido a sumar y a restar hacia mucho tiempo y por eso sabia que todo lo que suma también resta. La vida no es infinita. Cuanto más te alejas de la salida, más cerca estás de la meta. Pero también es como un saco mágico en el que vas acumulando grandes tesoros que, como amuletos de buena suerte, te acompañarán siempre y nunca perderás, aunque quizás llegue un momento en el que no los recuerdes.

Era uno de esos días en los que maldices el tiempo perdido, la palabra no dicha, el gesto inexistente…. pero en el que agradeces a cada momento los buenos deseos, las promesas cumplidas, lo que has perdido por lo que has ganado… Y durante todo el día una palabra te acompaña fiel y firme… GRACIAS!

“Hoy es uno de esos días, pensó Amalia,…

…en los que se mezclan los sabores…
…en los que lloras y entre lágrimas ríes…
…en los que abrazas y añoras…
…en los que restas pero sobretodo sumas…
…en los que maldices pero sobretodo agradeces…

Uno de esos días, en los que ni todo es blanco, ni todo es negro… porque el equilibrio es necesario y saludable.”

Amalia se dispuso a emprender otro de sus viajes… preparó su maleta encima de la cama y depositó en ella todo lo que podía necesitar. Subiría montañas, cruzaría ríos, atravesaría desiertos… por eso no quería llevar exceso de equipaje.

jueves, 5 de enero de 2012

DÍA DE REYES




El padre de Amalia conocía personalmente a los Reyes Magos, por eso había años que les pedía que acudieran a su casa cuando las niñas, Amalia y sus hermanas, se hubieran despertado para darles los regalos en persona. Ellas les obsequiaban con dulces y moscatel, porque después de una larga noche necesitaban reponer fuerzas para emprender el camino de vuelta a casa.

Había otros años en los que Amalia y sus hermanas visitaban a los Reyes Magos en su castillo e iban a recoger los regalos personalmente.

En otras ocasiones Amalia había escuchado claramente a los Reyes Magos depositar los regalos durante la noche con mucho cuidado en el salón de su casa. Oía a los camellos comerse el arroz que Amalia y sus hermanas habían dejado en los zapatos, y a los Reyes Magos chinchinear con las copas y saborear ese moscatel carmelitano que siempre había en casa. Pero Amalia sabia que en esos momentos no podía levantarse de la cama ni hacer ningún ruido que pudiera distraer a los Reyes de su misión.

Después llegaron los hijos, los de Amalia y los de sus hermanas, e igualmente desde el primer año Amalia quiso que vivieran esa noche muy especialmente. Colocaban sus zapatitos con arroz en sus respectivas sillas y dejaban turrón y moscatel para los Reyes Magos. Al día siguiente los niños descubrían emocionado sus regalos y veían como los Reyes y los camellos se lo habían comido todo. No dejaban ni un grano, normal, porque trabajaban tanto que necesitaban descansar de vez en cuando….

En alguna ocasión los Reyes dejaron un poquito de carbón para los pequeños pero aún así Amalia y sus hermanas intentaron transmitir a sus respectivos hijos la magia y la ilusión de esa noche en la que, por una vez, casi todos los deseos se cumplen.

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“Queridos Reyes Magos, este año he sido muy buena….”, como cada año Amalia preparaba su carta a los Reyes, sus hijos le habían insistido una y otra vez que así lo hiciera, pero ella no sabía qué pedir. En realidad no necesitaba muchas cosas, tenía lo principal y lo que le faltaba era difícil de conseguir, ya lo había pedido otros años y no se lo habían traído. Amalia sabía que no siempre se recibe lo que se pide, lo que se quiere o lo que se espera.

… os pido salud para mis hijos y para mí, para poder estar junto a ellos y verlos felices cada día y os pido paciencia y comprensión para sobrellevar la enfermedad que tristemente me rodea.

… os pido que no me falte el trabajo que sostiene a mi familia y os pido por aquellos que no lo tienen para que lo encuentren pronto.

… Y os pido amor, mucho amor para dar a mis amigos, a mi familia, a mis hijos… a los que me quieren, por su dedicación a mi durante este año, y sobre todo te pido que a ellos, a los que tanto quiero, no les falte de nada. Confío en que me traeréis todo lo que os pido porque como os he dicho creo que este año me he portado bien, pero si no es así sólo os pido que me traigáis los días para seguir soñando”.

sábado, 19 de noviembre de 2011

COSAS QUE DICES...

Que no te miro, dices…
mientras en mi oscuridad busco la luz de tus ojos que ya no me alumbra.

Que no te hablo, dices…
mientras escucho tu silencio destrozándome el alma.

Que no te comprendo, dices…
mientras en mi dolor veo tu espalda alejándose de mí con paso firme.

Que no llamo a tu puerta, dices…
mientras intento averiguar el momento en el que me cerraste la de tu corazón.

Que no te cuido, dices…
mientras en mi abandono añoro tu cálido abrazo.

Que te ignoro, dices…
mientras me arrinconas en tu olvido.

Que no te quiero, dices…
mientras descubro tristemente que hace tiempo que ya no me amas.

¡Como puedes reprocharme mi conducta!...
mientras esperas agazapado e impaciente mi derrota.

sábado, 15 de octubre de 2011

CINTA DE TERCIOPELO



Amalia escuchaba la radio mientras recogía todas las prendas desperdigadas por la habitación. La falda, el jubón, el justillo, el mantón…. Guardaba amorosamente cada uno de los complementos en sus respectivas cajas, broche, pendientes, colgante…. pero de entre todos ellos había uno, que aunque ya no usaba, evocaba siempre dulces pero también amargos recuerdos, una cinta de terciopelo negro que tiempo atrás había adornado su peinado. Una cinta que regaló como prenda de amor pero que años después recuperó tras descubrir que la persona a quien se la había regalado guardaba junto a ella otros tesoros a modo de trofeo de sus conquistas. Allí en aquel cajón, quien con tanto mimo la guardó durante años, había atesorado además otras prendas que para Amalia sólo significaban mentira, deslealtad y engaño. Por eso su preciosa cinta de terciopelo negro no compartiría espacio por más tiempo con los frutos de la traición así que la rescató de su escondite y la guardó. Ahora al tomarla entre sus manos y acariciarla prestó atención a la canción que sonaba en la radio….


"Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.

Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas

que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve".

Así fue, pero ya no. La inocencia, la ilusión y el amor habían dado paso a la mentira, el engaño y la traición pero ya hacia mucho tiempo que Amalia sólo nadaba entre la tranquilidad, la paz y la esperanza.

Sin lágrimas, sin dolor, guardó la cinta en su caja y ésta en el armario hasta el próximo año.

sábado, 20 de agosto de 2011

¡CERRADO POR VACACIONES!


Amalia se va de vacaciones. Quizás a la vuelta os cuente este verano plagado de escapadas en solitario, con amigos, con familia... escapadas en cualquier caso que le han permitido vivir experiencias nuevas, agradables y felices. Ahora es el momento de disfrutar con sus tesoros, sin horarios, sin tensiones, entregados solamente al placer de disfrutar del tiempo juntos cerquita del mar.

Trabajando o de vacaciones que la vida os sea amable y dulce.

Hasta Septiembre!!